La Ola


Lo experimento en mí misma: la dificultad de frenar, aun viviendo en el bosque. Sin embargo, acepto que también estoy en mi propia rueda como un hámster, y me veo subida a ella a estos días, queriendo compartir con mis pacientes, familiares y amigos algunos consejos, meditaciones, mensajes, vídeos reenviados, etc. Como si a través de la red pudiéramos extender el remedio milagroso que nos protege de todo mal. Se produce así un acercamiento virtual y afectuoso entre unos y otros. Aunque al mismo tiempo, también un aislamiento de una misma y de la verdad propia. Esto es lo que he experimentado estos días y he podido apreciar en el mensaje de mi Ser interior, que me llama continuamente a atenderme, a cambiar el punto de atención, y virar de “afuera” a “hacia dentro”. Porque me entretengo en mi necesidad de información, sin escucharme realmente, permaneciendo en la mente y las emociones incontroladas.

No sé si a ti te pasa lo mismo, pero desde que empezó a moverse “la Ola”, han sucedido un montón de cosas a mi alrededor, y “ayer” ha sido tan complejo, que parece que han pasado 3 días. El tiempo está tomando un matiz diferente y todo va mucho más lento, y al mismo tiempo, mucho más deprisa. En menos de una semana he sido capaz de observarme enfadada, culpándome, comprendiendo, aceptando, juzgando, perdonándome, actuando… me he pillado a mi misma negando cosas que había dado por válidas tan solo un día atrás… He visto moverse en mí muchas emociones, como si mi conciencia estuviera pasando por un reseteado necesario para limpiarse… y me siento muy afortunada, viendo el trabajo propio que tengo que hacer.

RESPIRO, cada vez que me pierdo, RESPIRO, cierro los ojos y voy hacia adentro. Tantas veces como me descubro distraída en lo que no toca. Siento que es un momento de tremenda oportunidad para hacer listas, evaluarse, decidir qué no quiero ya más, alinearme con lo que sí quiero. Sin negarme nada. RESPIRAR, es estar en presente y, además, es la función básica de nuestro cuerpo para vivir: podemos estar días sin beber, más días aún sin ingerir alimento, pero no podemos sobrevivir demasiados segundos sin respirar. Y compruebo a cada momento lo bien que me sienta dedicar atención a mi inspiración, que me vitaliza, y a mi expiración, que me purifica… y es tan maravillosa que además activa todas las funciones parasimpáticas, reduciendo señales de estrés, de angustia…. ¡Qué buen remedio para estos días!

PERMITO, me permito sentir las cosas sin negarlas, con sinceridad hacia mí misma: si me enfado, lo reconozco. Si juzgo, me doy permiso para no ser perfecta. Eso sí, proponiéndome hacerlo mejor a cada minuto. Siento que ya no vale dejar las cosas para mañana, sino que hay que hacerlo de instante en instante.

Y después, desde este centro, voy hacia afuera: OBSERVO los cambios positivos, primero en mí y luego, en el ambiente. El silencio nuevo de las carreteras, la ausencia de coches, un aire más limpio, las miradas diferentes de las personas con las que me he cruzado en las dos ocasiones que he salido a comprar, comprendiendo cosas. Esas personas también tienen el mundo patas arriba. Tampoco comprenden. También se hacen preguntas nuevas… ¡También se hacen preguntas nuevas! Y las nuevas preguntas llevan a respuestas diferentes.

Hay personas sufriendo mucho, y no lo olvido. Pero de nuevo, lo que primero puedo y debo abarcar es mi propio caos o coherencia interna. Yo decido.

Y la Madre Tierra… ¡qué gran respiro para ella! Gaia es mucho más sabia de lo que creemos… Ella sigue floreciendo abierta y alegremente.

Un saludo, de mi Alma a tu Alma…