Generosidad


El aula de la naturaleza nos ofrece un continuo aprendizaje. La observación de lo que hay en ella es un primer paso. Luego, por analogía, podemos observar en nosotros mismos y obtener regalos en forma entendimiento, que nos acompañen en el camino de auto-conocimiento.

Es el famoso axioma hermético, con su principio de correspondencia: Como es adentro, es afuera. Como es afuera, es adentro.

Hoy, observando estos fresones que plantamos hace unos meses en el huerto consciente de la Escuela, me he dado cuenta de lo siguiente:

Aquello que crea continuamente, se da continuamente. Es la confianza en la Vida.

Una planta de fresas, que da sus frutos, no los guarda para sí. Los entrega, los da con generosidad en forma de belleza para los ojos que se paren a mirarlos, o como alimento para los insectos y animalillos del bosque, o el agricultor que la cuida. No se para a preguntarse cuáles van a ser los beneficios de ese acto. Hay confianza en la Vida.

Detrás de este acto de entrega, hay lenguajes que no captamos a simple vista:

La plantita de fresas se está comunicando con su entorno a través del color, la forma y el ligero aroma de sus flores. Son “las palabras” que susurran a los insectos: ¡acercaos! Sabios como Paracelso y Rudolf Steiner mencionan a los Silfos (elementales del Aire), que facilitan la comunicación entre los reinos animal y vegetal. Ellos conducen a la abeja hasta la flor con su particular idioma.

Hay un intercambio: unos dan y otros reciben. Todos ganan. Alguien podría decirme que son intereses. Para mí es un acto de amor. Todo depende de los ojos con que uno quiera observar. La abeja recibe amor en forma de néctar y polen. La flor recibe la caricia de la abeja, y semanas después, la nueva oportunidad de ofrecer su fruto. Incluso algún tiempo después, las semillas de esa fresa jugosa que tal vez nadie se haya comido, se las llevará una hormiguita o tal vez la madre tierra, en un nuevo acto de amor, y en el momento más adecuado, ayudará a germinar (aunque las fresas se reproducen más por estolones). ¡El maravilloso milagro de la vida!

Entonces, este aparente acto “simple”, puedo llevarlo a mí y preguntarme sobre mis frutos, mi capacidad de entrega, y mi capacidad de recibir: ¿qué estoy creando? ¿cómo entrego? ¿espero algo a cambio? ¿hay generosidad en ello, o hay interés? Etc.

Estos trabajos internos de auto-conocimiento son para nosotros. No hay que comunicarlo a nadie. Así que no tiene ningún sentido mentirse. Uno debe ser completamente sincero y ver dónde falla su entrega. A veces, el no saber dar viene del no saber recibir. A veces, alguien nos entrega y sentimos que no merecemos. Otras, tal vez estemos dando para retener.

Y si seguimos profundizando: ¿qué me doy yo a mí misma? ¿me permito darme amor? … Por supuesto, todo este diálogo interno es recomendable hacerlo desde una mente en calma. De poco serviría dejar que los pensamientos saturados condujeran el carro… Por ello, para mí, la contemplación, la observación en plena naturaleza, es la más maravillosa Escuela, porque ella te lleva de la mano, con su Paz, y tu Ser se siente en confianza para explorarse sin el personaje.